FAMILIA
¿Qué es realmente la educación cristiana?
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Para ser eficaces en la educación de nuestros hijos es importante hacernos la pregunta como padres: ¿qué queremos? o ¿a qué le estamos apuntando?
La mayoría de los padres, cuando se hacen esta pregunta, responden: “yo le apunto a que mis hijos sean felices.” Entonces, cuando el niño pide el último celular o una nueva consola de videojuegos… ¿será ese el propósito principal de la crianza?
Al respecto, Dave Early comenta:
“Si la felicidad se convierte en la meta principal, las fallas de carácter se quedarán sin corrección y los problemas de conducta se pasarán por alto. Los niños malcriados y demasiado consentidos crecerán sin la capacidad de controlar sus deseos y no podrán aceptar ni cumplir hábilmente sus responsabilidades.”
(14 secretos para una mejor educación de los hijos, p. 19)
Por el contrario, si apuntamos a formar sabiduría en el corazón de nuestros hijos, una de las consecuencias será una vida plena en Dios… una vida llena de verdadera felicidad.
Proverbios 4:5-7 (DHH) nos da el enfoque claro:
El primer enfoque que vemos en la niñez de Jesús es la sabiduría. Así que creo que este debe ser el punto de partida para todo padre: levantar hijos sabios.
¿Cómo definimos la sabiduría?
El libro de Proverbios dice que el principio de la sabiduría es el temor de Jehová. Es reverencia absoluta por quien es Dios, es colocar a Dios y su Palabra por encima de todo. Es buscar la aprobación de Dios antes que la del hombre.
La sabiduría también se refleja en las decisiones diarias: amistades, manejo del dinero, productividad, elegir el trabajo antes que la pereza, cómo y cuándo hablar. También se relaciona con la capacidad de usar los dones y talentos que Dios ha entregado para algo creativo y útil.
¿Cómo cultivar sabiduría en casa?
1. Enfócate en el carácter, antes que solo en el conocimiento académico.
Algo que he notado, aun en el ámbito cristiano, es que los padres se enfocan simplemente en que sus hijos asistan a un “excelente colegio” o a la “mejor universidad”. Lo más importante es que el hijo saque buenas notas, pero no van más allá de observar si realmente está creciendo en lo más importante: el carácter.
En cuanto a la educación de los hijos, es necesario que el padre se haga estas preguntas:
-
¿Será que mi hijo se interesa por ayudar a los demás?
-
¿Se le han dado oportunidades para servir a otros?
-
¿Es buen mayordomo de su tiempo y de su dinero?
Estos principios muchas veces NO se enseñan en la universidad.
Recientemente hablaba con un joven que había estudiado en un colegio cristiano. Sin embargo, me compartió que allí se contaminó mucho por las malas amistades. Lo animé a involucrarse en la iglesia, a conectarse con un líder y a ser activo en el servicio de esta.
2. Corrige a tiempo
La educación demanda tiempo y esfuerzo. Muchas veces tengo en mente mi plan del día, las metas que debo lograr… y de pronto sucede algo entre mis hijos: un disgusto, una molestia entre ellos. Por lo general, vienen y cada uno me cuenta lo que hizo el hermano. En ese momento debo decidir qué hacer: ¿dejo pasar la situación y les digo “ahora no me molesten, estoy ocupada”? o ¿aprovecho ese instante como una oportunidad para instruir y enseñar?
Los malos hábitos son más difíciles de corregir si no se actúa a tiempo. ¡Por eso, corrige a tiempo!
3. Variedad: despierta de diferentes maneras el gusto por un camino más alto
Algo que aprendí en el libro 14 Secretos para una Mejor Educación de los Hijos es que, en el Antiguo Testamento, la palabra hebrea para “instruir” tiene varios matices de significado. Viene de una raíz que significa paladar. No solo hace referencia al freno que se coloca en la boca de un caballo, sino también a la práctica de frotar jugo de uvas ácidas en las encías, labios y paladar de un recién nacido, como lo hacían las parteras (p. 29).
Esto nos enseña que para instruir en sabiduría a nuestros hijos se requiere un balance. Primero, es importante establecer límites: cuánto tiempo están frente a una pantalla, los horarios para dormir, etc. Pero también debemos crear oportunidades para que los niños desarrollen el “gusto” por una vida llena de sabiduría.
Por ejemplo, muchos padres limitan la enseñanza de la Palabra a llevar a sus hijos los domingos dos horas a la iglesia. Aunque este es un punto de partida, se debe ir más allá. En casa, algo que hemos hecho es transmitirles la Palabra al menos tres veces por semana, crear un ambiente de gratitud hacia Dios, modelar devoción personal y mostrar tiempos de comunión privada con Él.
Además, nos hemos preocupado por que nuestros hijos desarrollen sus dones y talentos y los usen en la casa de Dios, activándose en el servicio en la iglesia. Finalmente, todas las semanas tenemos una célula de teens, donde se conectan con amigos en la fe y son desafiados a crecer espiritualmente.
4. Sé intencional: cada día cuenta
Los hijos aprenden mucho más de lo que ven que de lo que escuchan. Podemos darles muchos consejos, pero si nuestras acciones no reflejan lo que enseñamos, difícilmente podrán interiorizarlo.
Si queremos que nuestros hijos valoren la honestidad, debemos ser íntegros en lo que decimos y hacemos. Si anhelamos que sean responsables, deben ver en nosotros disciplina y compromiso en lo cotidiano. Si buscamos que amen la Palabra de Dios, necesitan vernos a diario dedicando tiempo a leerla y meditar en ella.
El ejemplo tiene un poder transformador que ninguna palabra alcanza. Un hogar donde se respira respeto, servicio y amor por Dios se convierte en la primera y mejor escuela de vida. Recuerda: lo que ellos ven en ti será, muchas veces, la semilla que imiten y reproduzcan en su propio carácter.
5. Sé intencional: cada día cuenta
Creo que Dios quiere arrancar de su iglesia algo que se ve con frecuencia: la pasividad. Muchos padres han delegado la formación de sus hijos a otros. Pero Dios nos recuerda que la tarea más importante en la tierra es la instrucción que damos en casa.
Cada día es una oportunidad para sembrar en nuestros hijos semillas que darán fruto por la eternidad. Muchas veces esa semilla se siembra en tiempos de calidad. La semana pasada, por ejemplo, mi esposo Rich llevó a nuestra hija de 7 años a pasar un rato especial, solo los dos. La sonrisa de mi hija lo decía todo.
Los niños anhelan que sus padres no solo los instruyan o suplan sus necesidades, sino que pasen tiempo de calidad con ellos. Es la manera en que perciben lo valiosos que son.
6. Recompensa las buenas decisiones que hacen tus hijos
Por último, te motivo a que hagas de la educación en casa un ambiente positivo, de paz y motivación. Esto lo recibí mucho en mi hogar: mi mamá constantemente nos motivaba con sus palabras, sus oraciones y su generosidad. Y esto es contagioso.
Es importante no confundir la formación con negatividad. En casa, me esfuerzo por resaltar y verbalizar cuando mis hijos hacen algo bien.
La semana pasada, ninguno de mis hijos quería sentarse en la parte trasera del carro, porque el espacio es reducido. Empezó la pelea y, como estábamos tarde, decidí esperar sin intervenir. Pasados unos minutos, uno de mis hijos dijo: “Está bien, yo me hago atrás.” Sin que nadie lo presionara, tomó la iniciativa. Al escucharlo, le dije: “Te felicito, hijo. Muy buena tu decisión. Cediste, y por eso hoy te daré un premio.”
Él se sorprendió, y sus hermanos también. Dos días después, mi hija menor dijo: “Mamá, hoy yo me voy atrás… pero, ¿será que también me das un premio como a mi hermano?”
Enfocarnos en lo que hacen bien y felicitarlos por ello crea un ambiente fresco en casa. En otras palabras: píllalos haciendo algo bueno.
Con amor,
Manuela Harding
@manuela18
Manuela Harding, profundamente apasionada por la Palabra de Dios y su poder para transformar vidas. Es una dedicada esposa y madre. Actualmente, junto con su esposo, educan a sus hijos en casa y pastorean una iglesia local en Chía, Colombia. Manuela es la fundadora de Hero Moms y Pequeños Héroes, también tiene un título profesional en Ministerio Cristiano de la Universidad Regent, junto a una Maestría en Teología Práctica de la Universidad Oral Roberts.
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