Familia

¿Cómo ser una mamá que consuela?

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Recuerdo aquel día en que me sentía confundida por algo personal que había experimentado. En momentos de tensión, por lo general, la mente toma una velocidad mucho más rápida y pasan miles de pensamientos de toda índole.

Yo intentaba parar de llorar, pero no lo podía hacer. Decidí encerrarme en un lugar pequeño (porque estaba en la oficina) y no quería que nadie me viera así. Como a los diez minutos entró mi papá en donde yo estaba, y lo único que hice fue abrazarlo. Pude expresarle lo que había en mi corazón y fue un momento en que recibí el consuelo de Dios a través de ese abrazo.

Es difícil explicar el poder que tiene el abrazo de un padre que ha estado presente. Brinda seguridad, afirma muchas cosas, y simplemente es la manera en que uno sabe que todo va a estar bien.

 

Cuando estudiaba el primer capítulo de 2 Corintios, encontraba que hay un tema que surge a través de estos primeros versos. Uno en especial resume el punto principal de este pasaje. Veamos lo que dice:

 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación,  el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.

Encontramos en este pasaje que la naturaleza de nuestro Padre celestial es aquella de Consolar. Él es misericordioso, bondadoso, y sabe cómo vendar nuestras heridas. Sin embargo, vemos que en el verso 4 dice que nosotras recibimos consolación para que podamos también consolar a los que están en cualquier tribulación.

De este pasaje podemos entender dos cosas:

  1. Para poder consolar a otros, debemos haber experimentado la consolación de parte de Dios.
  2. La maternidad es un llamado a la consolación.

Al leer este pasaje también comprendí que para poder llevar a cabo esta responsabilidad de formar a otros, es necesario haber pasado por un proceso de sanidad.

Pero entonces surge una pregunta: ¿Cómo sé si aún necesito sanidad? Si en tu vida has pasado por experiencias de rechazo, estas por lo general producen inseguridad que se ve reflejada en los celos o en pensar que los demás están pensando algo negativo acerca de nosotras, cuando en realidad no está sucediendo.

 

O tal vez viviste experiencias que causaron rencor cuando alguien muy cercano hizo algo injusto, esto hace que dentro de las personas nazcan muchos sentimientos negativos, uno de ellos es el rencor. El rencor es la falta de perdón. Y esta falta de perdón se ve reflejada en dos aspectos: amargura y enojo.

 

Un encuentro con nuestro Padre de misericordias y el Dios de toda consolación nos permitirá conocer a Dios como nuestro padre. Enfoquémonos en permitir que Dios restaure Su imagen como nuestro Padre celestial.

¿Quién es ese Padre Celestial que necesitamos? Es el Dios de toda consolación o “parakleto”, que quiere decir consolación, comfort, y eso que trae refrigerio.

Creo que al experimentar el amor paternal de Dios, podremos estar llenas de Él, para ir y hacer lo mismo a otros. Empezando con los que están en casa.

 

La maternidad tiene un gran privilegio que es poder consolar. Cuando tus hijos se caen, cuando hay conflictos, cuando no entienden algunas cosas, ahí está una mamá presente lista para afianzar a su hijo. Mas, ¿cómo consolar? Con el toque físico: un abrazo trae afirmación a sus emociones, y también con las palabras que les hablemos.

Proverbios 12:18 dice:

“La lengua de los sabios es medicina.”

Un consuelo que lleva esperanza

Más adelante, en este mismo pasaje, el apóstol Pablo habla de cómo experimentó el consuelo de Dios y fue en medio de una de las mayores pruebas en Asia, en donde “perdieron la esperanza de conservar la vida.” Pareciera que se contradijera, pero es en esos momentos en donde sentimos que no podemos más, y que no tenemos más fuerza, que el consuelo de Dios se desata. Luego, el Apóstol cierra el capítulo afirmando la base de su plena confianza en la bondad de Dios.

 Porque todas las promesas de Dios son en él Sí,

y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.

 

El ancla de nuestra esperanza está en las promesas de Dios.

  • Algo que empecé hacer en el homeschool (Educación en casa), fue comenzar todos los días recordando una promesa de Dios con mis hijos. (En este momento lo estoy haciendo con mis hijos mayores porque las chiquitas por lo general solo quieren seguir jugando). ¿Cómo lo hacemos? Es muy sencillo, tomamos una ficha con un verso impreso (Estamos usando las de Permanece). Lo leemos, lo repasamos y empezamos los primeros cinco minutos con este contacto con la Palabra. Puedo decir que de inmediato el ambiente en el hogar se refresca. Es como cuando dejas entrar un viento fresco a la casa en un día soleado.
  • Otra cosa que Dios me llevó a hacer hace como 3 años fue anotar las promesas que Dios me había dado para cada uno de mis hijos en un cuaderno específico y reclamarlas ese año.

Cuando enseñamos a nuestros hijos que tenemos un Dios misericordioso, un Dios Padre que consuela a través de sus promesas, estaremos trayendo consuelo a esos corazones. No solamente a ellos, sino también a tu cónyuge y a cada persona que Dios ponga en tu camino. ¿Te gustaría comenzar? Empieza por trabajar enfocada en tener ese proceso de consolación para consolar a otros y crea tu libro de promesas y compártelo con nosotras, ¡nos encantaría verlo!

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